En PiedraBruja llevamos años haciendo una pregunta que, aparentemente, es muy sencilla:
¿Qué hobby le recomendaríamos a tal o cual persona?
La respuesta casi nunca depende solamente de la edad, del presupuesto o de qué producto está de moda. Con el tiempo hemos descubierto que las personas no llegan a un hobby por casualidad. Tampoco lo eligen únicamente porque alguien se lo recomendó. La mayoría de las veces, los hobbies aparecen como una evolución natural de una forma de jugar que nos ha acompañado desde niños.
Quien hoy disfruta construyendo una maqueta probablemente pasó horas armando bloques cuando era pequeño. Quien dirige campañas de rol muchas veces fue el niño que inventaba historias para sus juguetes. Quien hoy compite en un TCG probablemente siempre disfrutó enfrentando desafíos estratégicos. Los hobbies cambian, se sofistican y evolucionan, pero rara vez aparecen desde cero.
Por eso, en este blog vamos a responder a una pregunta con toda nuestra experiencia centrada en:
¿Cómo escoger un juego para niños? ¿Cómo le gusta jugar?
Creemos que esa pregunta invita al descubrimiento.
Los niños no nacen sabiendo si serán jugadores de ajedrez, pintores de miniaturas, coleccionistas, científicos, artistas o directores de campañas de rol. Tampoco existe un camino correcto. Lo que sí existen son distintas maneras de disfrutar el juego. A través de ellas exploran el mundo, descubren aquello que despierta su curiosidad y comienzan a construir intereses que, muchas veces, terminarán acompañándolos durante toda la vida.
Jugar es experimentar. Es probar sin miedo. Es descubrir qué actividades producen satisfacción por sí mismas. Es el espacio donde aparecen las primeras motivaciones profundas: construir, imaginar, resolver problemas, crear, competir, explorar, compartir o coleccionar.
Con el tiempo esas motivaciones no desaparecen. Maduran y cambian de forma.
Los bloques se convierten en construcción e ingeniería de sistemas. Los cuentos se transforman en juegos de rol y luego en literatura o relaciones públicas. Los rompecabezas evolucionan hacia juegos de estrategia y luego cargos gerenciales. Los experimentos se convierten en deckbuilding y luego en ciencia o emprendimientos. Las primeras pinturas pasan a ser miniaturas, pero terminan en expresión individual. Los álbumes y figuras abren paso al coleccionismo, pero luego en organización y administración.
Los hobbies, la vocación y la adaptación no reemplazan el juego infantil; son su continuación.
No queremos decir que estas formas de jugar “forman la personalidad” (sería una exageración), sino que el juego es uno de los principales mecanismos mediante los cuales los niños exploran sus intereses, preferencias, motivaciones y competencias. Esto es parte de la psicología del desarrollo desde Piaget, Vygotsky y Bruner; las inteligencias múltiples de Gardner y de los modelos contemporáneos de intereses vocacionales. El interés sostenido aparece cuando una actividad combina curiosidad, autonomía, desafío y placer y por eso sirve como adulto tener un mapa a la vista que permite a nuestros niños tener experiencias organizadas y ordenadas.
Por eso creemos que acompañar a un niño no consiste en elegir “el mejor juguete”. Consiste en observar qué tipo de experiencias disfruta, ofrecerle oportunidades para explorar distintas formas de jugar y permitir que, con el tiempo, descubra cuáles de ellas quiere seguir desarrollando.
En consecuencia, queremos compartir una forma “natural” que hemos desarrollando para distinguir e inspirarnos en ese regalo, esa estimulación y en esa estrategia para elegirlo de las pantallas que necesitamos:
Construyendo
Hay niños que sienten una satisfacción especial al transformar piezas sueltas en algo nuevo.
Construyen torres, ciudades, vehículos, robots o castillos. Disfrutan viéndose cómo una idea toma forma poco a poco y suelen tener paciencia para mejorar aquello que ya hicieron. Lo que realmente los motiva no es terminar una construcción, sino el proceso de diseñarla, resolver problemas y verla crecer.
Con el tiempo, esa motivación suele evolucionar hacia hobbies donde crear con las manos y con la mente sigue siendo el centro de la experiencia.
Una posible ruta podría ser:
Deckbuilding → Commander para probar como funcionó tu máquina/estrategia en un ambiente de exploración, prueba y error.
No se trata solamente de construir objetos.
Se trata de disfrutar el proceso de construir.
Imaginando
Otros niños juegan principalmente dentro de su imaginación.
Inventan personajes, crean historias, hablan con dragones invisibles, transforman una caja en un castillo o convierten una manta en un barco pirata. Muchas veces las reglas son secundarias; lo importante es que exista una historia que contar.
Para ellos el juego es una forma de narrar.
Con el tiempo esa imaginación suele encontrar nuevos formatos donde seguir creciendo.
Una posible ruta podría ser:
No buscan únicamente entretenerse.
Buscan imaginar otros mundos.
Resolviendo
Hay niños que encuentran placer en descubrir cómo funcionan las cosas.
Disfrutan los rompecabezas, los acertijos, los patrones, las reglas y los desafíos que requieren pensar un poco más antes de actuar.
No necesariamente son competitivos.
Lo que realmente disfrutan es ese momento donde todo finalmente tiene sentido.
Muchas veces esa forma de jugar evoluciona hacia sistemas cada vez más complejos.
Una posible ruta podría ser:
Resolver un problema también puede ser una forma de jugar.
Explorando
Otros necesitan descubrir constantemente algo nuevo.
Quieren abrir cajas, mezclar materiales, observar insectos, hacer experimentos, mirar las estrellas o entender cómo funciona el mundo.
El descubrimiento es el juego.
No juegan para ganar.
Juegan para conocer.
Con los años esa curiosidad puede convertirse en una búsqueda permanente de nuevos conocimientos y experiencias.
Una posible ruta podría ser:
La recompensa no está en terminar.
Está en descubrir.
Creando
Algunos niños sienten una necesidad permanente de expresarse.
Dibujan, pintan, modelan, decoran, mezclan colores, inventan diseños y disfrutan profundamente viendo aparecer algo que antes no existía.
No importa si utilizan lápices, pinturas, arcilla o miniaturas.
Lo importante es el acto creativo.
Con el tiempo esa necesidad suele transformarse en distintas disciplinas artísticas.
Una posible ruta podría ser:
Crear significa dejar una huella personal en aquello que hacemos.
Compitiendo
También existen niños que disfrutan poniéndose a prueba.
Les gusta medir su progreso, mejorar, aprender estrategias nuevas y enfrentar desafíos cada vez más difíciles.
Competir no significa necesariamente querer derrotar a otros.
Muchas veces significa intentar ser un poco mejor que ayer.
Los juegos ofrecen un espacio extraordinario para ese crecimiento personal.
Una posible ruta podría ser:
El verdadero rival muchas veces es uno mismo.
Compartiendo
Hay personas para quienes el verdadero placer del juego está en vivirlo junto a otros.
Disfrutan cooperando, riendo, conversando, negociando y construyendo experiencias compartidas.
Para ellos el juego es principalmente una excusa para encontrarse.
Las reglas importan, pero las personas importan todavía más.
Una posible ruta podría ser:
Algunas personas descubren que su hobby favorito no es un juego específico.
Es jugar con otros.
Coleccionando
Finalmente, existen niños que encuentran satisfacción en completar, organizar y profundizar.
Les gusta reunir objetos relacionados entre sí, clasificarlos, cuidarlos y aprender todo lo posible sobre aquello que coleccionan.
No se trata únicamente de acumular.
Coleccionar también implica observar detalles, desarrollar criterio y construir conocimiento.
Con el tiempo esa forma de jugar suele convertirse en una pasión de largo plazo.
Una posible ruta podría ser:
Coleccionar no consiste solamente en tener más cosas.
Consiste en construir una historia alrededor de aquello que nos apasiona.
No existe una única forma de jugar
Quizás lo más interesante es que casi nadie pertenece únicamente a una de estas formas de jugar.
Un niño va a disfrutar construyendo mientras imagina una historia. Otro puede resolver problemas mientras compite. Alguien puede crear una miniatura para luego coleccionarla con orgullo. Los juegos se mezclan, dialogan y evolucionan junto con nosotros.
Por eso no pensamos estas formas como etiquetas, sino como puertas de entrada. Cada una abre un camino distinto hacia el juego, el aprendizaje y el descubrimiento personal.
Y, como toda puerta, no está hecha para quedarse cerrada.
Con el tiempo cambiamos. Descubrimientos intereses nuevos, desarrollamos habilidades distintas y encontramos placer en experiencias que antes nos parecían ajenas. Quien comenzó construyendo puede descubrir que también disfruta pintando. Quien llegó por la competencia puede enamorarse de los juegos cooperativos. Quien empezó coleccionando puede terminar creando sus propias historias, diseñando escenarios o enseñando a otros.
Crecer no significa dejar atrás las formas de jugar que amamos. Significa ampliar nuestro repertorio, incorporar nuevas maneras de relacionarnos con el mundo y descubrir que todavía quedan muchas puertas por abrir.
Quizás esa sea una de las mayores riquezas de los hobbies.
No nos definen por lo que hacemos hoy. Nos invitan a seguir explorando quiénes podemos llegar a ser.
Porque nunca dejamos de descubrir nuevas formas de jugar.




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